“Las estudiantes bailarinas”

“Las estudiantes bailarinas”

Me llaman de una Universidad para intervenir en una situación de conflicto entre dos estudiantes que estaban generando mucha división en el curso.

Fuimos a una sala muy linda y comenzó la reunión.

Les explique cual era mi cometido, les hablé de la mediación, de lo que significa, de para qué sirve y sobre mi rol neutral. A esto le llamamos: discurso inicial.

Les pedí por favor que escriban en hojas palabras sueltas relacionadas con la situación que estaban atravesando y que las dejaran caer en la sala, en el lugar en dónde se sientan más cómodas.

Al cabo de unos minutos el piso estaba lleno de papeles, incluso en las sillas en donde cada una estaba sentada habían dejado hojas con expresiones. Les pedí que por favor empiecen a hablar de alguna hoja,  de la que quieran y el momento de expresión comenzó.

Miré las hojas buscando expresiones relacionadas con hechos, relacionadas con juicios y con emociones. Y empezamos a hablar de lo que había pasado y de lo que sentían.

En un momento, el intercambio empezó a ser un poco elevado de tono y se veía enojo en sus rostros. Ahí fue cuando aproveché para hacer algo arriesgado pero muy efectivo.

Detuve el intercambio y les pedí por favor que dejemos entrar al silencio a la sala por un minuto. Les sugerí que se conecten con sus sensaciones corporales, que sientan e identifiquen qué lugar del cuerpo sentían más intensamente.

Ambas posaron sus miradas en el suelo. Pasado el minuto les pedí que por favor que se pongan de pie y hagan el movimiento corporal que esté más acorde al momento, que no lo piensen, sólo que lo sientan y lo hagan.

La estudiante que estaba a mi derecha dejó caer sus brazos cerca de su cintura, acercó sus manos hacia adelante y comenzó a moverlas hacia adelante y hacia atrás, como si expulsara o limpiara algo.

La estudiante de mi izquierda, se arrodilló en el suelo y puso sus manos atrás. Le pedí que expresara un frase y dijo: “Estoy inmóvil y duele”.

La otra replicó: “No quiero esto”

Amablemente les pedí que observaran la posición corporal de ambas por un tiempo. Luego les propuse que cambien de lugar y que cada una haga la postura de la otra, que la imiten, que la sientan y que expresen desde allí. Fué un momento de mucha intensidad.

La mediación terminó con un abrazo y luego con una reunión con todo el grupo de estudiantes con el que hicimos un trabajo de conocimiento y reconciliación.

En la mediación las ideas son para aplicarlas.

¡Mediadores adelante!

¡Hasta la próxima!

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