El Salvador de adelante hacia atrás…

El Salvador de adelante hacia atrás…

 El Salvador de adelante hacia atrás

Por Juan Pablo Albornoz Kokot 

Después de 8 días o de una vida en El Salvador, la tierra me despidió con un coco fresco y compartido al costado de la ruta. Carlos el apicultor a quien Dios le regaló el don del humor y la vida, había detenido el carro, además, unos kilómetros antes para que una pupusa revuelta no me permita subir al avión con el estómago vacío.

Nos habíamos despedido del equipo en las oficinas de Solidaridad CVX. Beatriz, Lissette, Rigoberto y todo el equipo me llenaron de regalos. Ya me habían regalado su compañía sus sonrisas y sus lágrimas, pero no estaban conformes y se siguieron entregando hasta el final. Dulces, miel medicinal, remeras y libros de San Monseñor Oscar Romero, un vestidito para Luz, mi hija que nace en unos meses. No me cabían las cosas en la mochila y me prestaron una para que pueda llevar todo. Ojalá que pasen los controles tantas exquisiteces. ¡Recen por eso!

En la visita al Equipo Semilla recibí más muestras de afecto. Un grupo muy comprometido con la búsqueda de antecedentes de personas asesinadas durante los doce años y más de opresión consiguen fotos de las víctimas y les entregan a sus familias. Muchos no tienen ni una fotografía de sus hijas, hijos, padres, hermanos y hermanas. Historias de lucha, de masacres, de dolor y de esperanza me empaparon el corazón. El padre de Beatriz cuyo nombre ahora no recuerdo me miró con afecto y me regaló un retazo significativo de su gran labor. Dios bendiga su entrega.

El día anterior Ana y Rigoberto me convidaron del mar Salvadoreño. Agua clara y templada. Playa amplia de arena caliente. Pescados, entrada de bichos de mar y ofertas de artesanías hechas de caracoles. ¡Hello Mr.! ¿How are you?  –Exclamó un niño- ¡Qué “míster” ni “míster” chango! Soy de Argentina. “¿Sabes dónde queda?” – le pregunté-  La única forma de que más o menos reconozca el lugar fue gracias a Messi. El fútbol idioma universal.

Minutos antes había ido a correr y a compartir un picadito de fútbol con un grupo que estaba jugando en la playa. Algunos con una latita de cerveza en la mano, como adelantando el tercer tiempo. Me sumé a jugar. Tenía una gorra puesta para que el sol no me queme la pelada. “Hey ud. ,el de “cachucha”, ¡pásela!” Luego de un muy divertido rato y con un casi gol de cabeza me despedí de ellos. Uno se me acercó y me preguntó algo que no entendí muy bien. “¿………..sita?” –escuché- Pensé que me preguntaba: “De dónde nos visita”. “De Argentina” –respondí- Se mostró confundido.
¿Qué?” –preguntó- “De Argentina” –insistí- Hizo un gesto con la mano como botando mi expresión con cara de “que me importa” y gritó: “¿Toma cervecita sí o no?” Me sigo riendo por ese intercambio y porque además comprendí lo que me estaba enseñando. La cosa es más simple amigo. ¿Toma una cervecita sí o no?

Al regreso la arena me mostró algunos destellos muy fuertes. Me vino la idea de que en realidad todos los granos de arena pueden brillar con el sol y reflejar su luz pero hay algunos que no están en la posición adecuada para permitirse iluminar.

Al regreso una extraña piedra plana en el camino me llamó la atención. La tomé entre mis manos y seguí caminando. De pronto sentí ue la piedrita se movía. Cuando la miré bien me di cuenta que estaba viva. Tenía miles de patitas y abría y cerraba unos orificios. La puse en la arena y empezó a enterrarse. “Galleta de mar le dicen” –me comentó una bañista que estaba cerca-.

Al regresar donde estaba Ana y Rigoberto el mar me regaló un caracol color blanco. “No es común encontrar uno entero” –expresó Rigoberto- y continuamos la animada conversación con él y con Ana que es una facilitadora de lujo y muy comprometida con los temas sociales.

El principal motivo del viaje era el encuentro de tres días de “Sabiduría Corporal y Cambio Social” que habíamos co-creado con Heike, Lissette, Beatriz y Rigo. Luego comentamos que este sería el primero y que seguro nos esperan otros.

En una casa salesiana rodeada de viento y naturaleza a veinte minutos del mar, llevamos a cabo una experiencia extraordinaria. Para mí ha sido como abrir un portal para ver y vernos y luego seguir nuestros caminos. Estaban quienes tenían que estar. Psicólogas, trabajadoras sociales, ingenieros agrónomos, consultores, expertas en comunicación, facilitadoras, educadores, madres, padres, hijos e hijas. Don Bosco y María Auxiliadora me recibieron como siempre y me ayudaron y guiaron como lo hacen siempre en tiempo de cuaresma.

Nos metimos en nuestros cuerpos y en el cuerpo social. Trabajamos con aperturas como Mindfulness, teatro de presencial social, teoría U, processWork, conflictología, dinámicas del método BAPNE, y otras dinámicas para experimentar nuestras emociones y sobre todo la magia del Espíritu Santo que aprovecha estos espacios para hacer de las suyas. Risas, lágrimas, catarsis y muchos ¡ahas (insights)! Sobre nuestras realidades.

Llevo y traigo muchos gestos y expresiones auténticas en mi corazón. Llevo además muchos aprendizajes. “El grupo manda”; “la experiencia no puede explicarse teóricamente”; “el campo social danza y sana”; “¡se puede escribir en espiral!” “¡puedo permitir que me sigan con alegría!”; una mujer dijo: “puedo ser yo misma, puedo ser diferente” Una sindicalista vivió el dolor de la realidad y de los miembros de su sistema. Nos confesamos públicamente. Una mujer mostró sus heridas y las compartió como un pan de sabiduría. Nadie es ahora igual.

Riua, papusa, pan de maíz, zapote, jugo de tamarindo y café profundamente aromático danzaban entre los días y las noches. La guitarra, la cerveza y los chistes nos acompañaron al final de la jornada. Carlos contó uno de los mejores cuentos que he escuchado. “Un hombre tomaba mucho. El amigo le pregunta: ¿Por qué toma así compadre? “Porque es la única forma que mi mujer me diga: “¡Mira qué bonito, que bonito. Mira que chulo!”   Obviamente a estas palabras le faltan la voz, la mirada y la gracia de Carlos. El apicultor mago a quien le pica un promedio de quince abejas por cosecha y con ello sanó su artritis. ¡Gracias por la miel medicinal Carlos! Pasó todas las fronteras y a mi hijo menor le encanta.

Un día antes había estado en la casa de San Oscar Romero. Me llevó Rigoberto. No había nadie en el museo. El santo había preparado una reunión muy íntima con nosotros. “Buen día, soy un turista de argentina” – le dije a la hermana que nos esperaba- “Ud. no es un turista. Ud. es un peregrino y monseñor lo trajo aquí, quien sabe porque mérito”

Me conecté con el lugar. Su dormitorio, su silla, sus libros, su manta manchada de sangre. Es como si hubiera puesto mis dedos en las llagas de Cristo. El orificio de la camisa celeste que hizo la bala que atravesó su corazón era del tamaño de una semilla de mostaza. Me quedé impactado con las palabras de su última homilía: “Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres, nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de Justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos, pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por doña Sarita y por nosotros…”. Justo en ese momento se interrumpió bruscamente la homilía de ese 24 de marzo de 1980 por un bala de calibre 22 disparada por un francotirador. Monseñor ya lo había perdonado.

Luego de esta peregrinación llegué al hotel y quede rendido varias horas en cama viendo el techo. Desarmado, inmóvil, reflexivo. La injusticia y la resurrección danzaban en mi corazón secando mis energías. Sentí verdad cerca de su sepulcro. Gracias a Romero comprendí a El Salvador y sus homilías me han mostrado otra Marialogía. Una María liberadora.  ¡Gracias San Oscar Romero o monseñor para los amigos!

Con el equipo de Solidaridad CVX visitamos una casa de radioaficionados para trabajar en equipo. No es casual que la ionosfera vuelva a mi vida. Mi viejo era un estudioso del tema y la palabra radiocomunicaciones es muy familiar para mí. Cuando vi el cartel me dije: “Empezamos bien” Allí nos conocimos. Conocí al maravilloso equipo y sacamos muchas acciones y tareas para la casa. Ahora es tiempo de acción para la transformación. En el centro de la sala estaban nuestros aportes. Entre ellos el dulce de leche argentino que llevé para no quedarme atrás en el intercambio gastronómico.  Banana salvadoreña con dulce de leche argentino le aseguro que es una excelente combinación.

El hotel que me reservó el equipo de Altoparlante era extraordinario. Enteramente y decorado con vida y amor. Les puse en ese calificador on line. “Se nota el amor en cada rincón” Árbol de fuego se llama para quienes quieran disfrutarlo.

Al arribar al aeropuerto la Sra. que hacía migraciones me preguntó sobre mi visita. Le comenté que venía a un encuentro y que lo organizaba una organización jesuita. Ella me miró y me dijo: “Pero Ud. no es sacerdote” Me empecé a reír a carcajadas y ella se contagió. “¿Ud. me está diciendo que no tengo cara de cura?” –le pregunté- En ese momento se dio cuenta de su comentario y se reía mientras ponía el sello de migraciones. “Soy padre. Padre de cuatro hijos” –le dije cuando me despedía- Fue la primera sonrisa salvadoreña que recibí de regalo. Vino de una mujer. Era su envío….

Antes de salir de mi ciudad, tenía la certeza que este viaje tocaría fibras muy íntimas de mi corazón y así sería. Ya había mi intuición espiado el futuro.

Gracias Lissette, Beatriz, Ana, Rigoberto, Heike, Patrick y a todo el equipo de Solidaridad CVX , Altoparlante, Misereor y participantes del encuentro. ¡Que la magia continúe y hasta la próxima!

San Miguel de Tucumán – Argentina- 05 de Marzo de 2020